Lloré
cuando me dijiste que no estabas seguro de qué sentías por mi. Lloré cada vez
que dijiste que no querías estar con alguien como yo. Lloré cada vez que
dijiste que no te importaba. Lloré cuando me dejaste en mi peor momento. Y
lloré cuando me dejaste para siempre. Pero después de ese lunes amargo, no he
llorado otra vez. No por ti. Porque lo mejor que me pudo haber pasado, es que
te hayas ido de mi vida. Porque dejó de haber una nube gris encima de mi todo
el tiempo. Dejé de sentir la presión de tener que ser perfecta y esforzarme
constantemente para alguien que no lo apreciaba. Por fin siento que puedo
respirar, que soy libre, que nadie está sobre mi esperando que cometa un error
para juzgarme. Ya nadie me dice qué hacer o cómo, cuándo y porqué
hacerlo. Y estoy más feliz que nunca, enamorándome de alguien más; Yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario