How to save a life
How to save a life es el nombre de una canción que todos conocemos. (Y si no la conoces, shame on you) (Broma) (No pero en serio, escúchenla si no lo han hecho) Y jamás me había pasado o más bien pensaba que jamás me había pasado algo como esta canción. Este año he perdido a tantas personas. Diría que unas me han dolido más que otras, pero creo que le haría injusticia. Sea cual sea la situación, perder un amigo es de las situaciones más difíciles que la vida nos hace enfrentar. Pero es parte de ésta. Perder un amigo nos hace aprender, crecer, valorar. Perder un amigo nos cambia, nos da una perspectiva diferente. También podría decir que no los extraño, podría ser orgullosa y asegurar que no me importa ya. Pero estaría mintiendo y de nada sirve intentar engañarme a mi misma. Sin embargo puedo asegurar, después de que ha pasado tiempo y viendo las cosas frías y a distancia, que era necesario. Tenía que aprender y madurar. Comprender que no todo es para siempre, que las promesas no se cumplen y que las mejores amigas también se van. Muchas veces es necesario dejar a quién considerabas indispensable porque te está haciendo daño. Y no hablo de considerar indispensable a alguien en una forma romántica. También a los amigos se les puede ver así, se puede creer que sin ellos la vida sería diferente. Y sí, si lo es. Pero hay amistades que dañan más de lo que reparan, que desgastan y que hasta a veces consumen. Si algo he aprendido en los últimos meses, es que no se puede vivir para los demás. No se puede vivir queriendo complacer a todos, aún cuando son las personas que más se quiere. Porque al hacer esto, dejamos de vivir para nosotros, permitimos que alguien más nos imponga. Y podría parecer que soy una persona voluble, por querer complacer a las personas que quiero, pero no es así. Tengo la tendencia de querer hacer feliz a las personas que me rodean y constantemente confundo esto, con el hecho de vivir para ellas. Y de verdad, DE VERDAD es pésimo confundir estas cosas, cuyas línea a menudo se difuminan. Es pésimo porque en el momento que uno decide dejar de hacer las cosas por las personas a las que se quería ‘hacer feliz’, éstas lo toman como un insulto. Se sienten ofendidas, agredidas. Porque estuvieron tanto tiempo acostumbradas a dominar, que al momento de no permitírselos, se sienten ultrajados, despojados de una de sus cualidades. Y supongo que así pasa, que no solo a mi me ha ocurrido. Simplemente hay personas que así son, está en su carácter el querer dominar a los demás. Y también siempre habrá personas que cedan y personas que se alejen. Por mi parte, me he cansado de ceder. Creo que es tiempo que a la única persona que me preocupe por hacer feliz sea únicamente yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario