Las jacarandas están floreciendo como cada Marzo y me doy cuenta que ya pasó un año. Un año desde la última vez que sentí amor por ti. Un año de cuando te hacía manejar más lento para escuchar las jacarandas crujir cuando las llantas pasaban sobre ellas. Pero poco menos de un año desde que nos dijimos adiós.
Es extraño como pasa el tiempo. Hay días que son largos, eternos y parecen no tener fin. Y hay días que apenas y puedo recordar porque fueron tan rápidos, tan efímeros que se esfumaron.
A veces siento que fue ayer cuando todo cambió y en otras ocasiones siento que fue hace un siglo. Sin embargo, en todos los casos siento la misma felicidad de que todo haya cambiado. La misma libertad de que te hayas ido.
Hay días que me cuesta olvidar tantas cosas que vivimos y hay días que ni siquiera me acuerdo de tu existencia. Pero creo que las jacarandas siempre me recordarán a ti, a nosotros, a las veces en que sentí que me querías, las veces que sentí que sentías algo en absoluto. Es extraño que después de tantas cosas que vivimos juntos, justo la cosa que más disfrutaba antes de conocerte, sea la que me recuerde a ti. Pero así es la vida, irónica, irreverente. Lo que menos esperaba es lo en lo que más te recuerdo y lo que más esperaba, es en lo que menos.
